Continuando con el análisis de los datos sobre las medidas que se aplican para disminuir consumos de riesgo, revisaremos el tema alcohol desde varias direcciones.
En primer lugar, las políticas anti alcohol se han centrado principalmente en imágenes de copas con vino tinto. Es verificable su baja en el consumo, pero al mismo tiempo hay un crecimiento de los destilados, en numerosos casos, de producción artesanal con escasos controles de sanidad y nula tributación.
Ello nos lleva a preguntarnos si la campaña que se realizó en zonas de la Unión Soviética para desalcoholizar cambiando vodka por vino reforzado no es mucho más coherente. Algo similar a los programas de desintoxicación de nicotina o drogas.
El prohibicionismo tampoco es la solución ya que incita a unos a probar y a otros a la corrupción evadiendo la normativa.
Un caso interesante en este sentido es el de Brasil. En el país carioca, los impuestos a las bebidas alcohólicas han logrado la aparición de botellas de vino de teórica alta gama, manejadas por los grandes carteles del narcotráfico. Vinos dudosos, etiquetas falsas y sin controles. En síntesis, un combo de corrupción, evasión y daño para la salud, con sanciones muy leves.
Los controles en la mayoría de los Estados se concentran en la alcoholemia. ¿Alguien puede creer que esto se debe a un desconocimiento de otros consumos peligrosos? ¿No se conoce el efecto binario que resulta de combinar alcohol con drogas lícitas o ilícitas? ¿Se controla la fatiga del conductor en términos de reflejos o de hoja de ruta?
Tampoco las etiquetas con imágenes durísimas o los impuestos asustan al que va a consumir.
A esto le podemos agregar que el control de reflejos básicos permite obtener una primera indicación del estado general de la persona, es de bajo costo y, a partir de constatar anomalías en el comportamiento se pasa a un examen más técnico y de amplio espectro. Sin embargo, este tipo de controles se aplica de manera muy limitada.
La política de culpar a un “monstruo” se utiliza desde hace siglos para ocultar los verdaderos peligros. Solo la educación en vivir moderadamente minimiza los riesgos y para eso hay que EDUCAR AL SOBERANO.
Paul Burlot, Sec. Gral del FMCV


